Cuando el silencio pesa más que el ruido, hay decisiones que ya están en marcha. A las 4:10 de la mañana, Jenny Patricia Carreño García no está soñando, está resolviendo. No cifras, no informes, no presupuestos. Está pensando en su hija, en despertarla, acompañarla y asegurarse de que el día del gran amor de su vida, empiece bien, incluso antes de que el suyo exista.
Ahí comienza todo.

Antes de ser subdirectora administrativa y financiera, antes de los correos urgentes, de los números que no dan espera y de las decisiones que sostienen una institución, Jenny Patricia es madre y esposa, y su familia es su gran prioridad, lejos de ser un obstáculo, son el motor que marca el ritmo de su liderazgo.
Cuando la puerta se cierra y la ruta escolar se lleva a su hija, aparece otro escenario, el suyo. El de una mujer que elige llegar antes que todos, no por obligación, sino por estrategia, pues el silencio le permite estar un paso adelante del corre, corre de cada día. Antes de las siete de la mañana, mientras el mundo apenas despierta, ella ya está en su escritorio.
El silencio, dice, es su mejor aliado.
En esas primeras horas no hay interrupciones, no hay urgencias ajenas, solo pensamientos claros, análisis. Decisiones que se toman sin ruido. Es el único momento del día donde el liderazgo en silencio, construye.
Pero no siempre fue así.
Hubo un día en su casa, en el que una llamada cambió el rumbo. Le ofrecían asumir uno de los cargos más exigentes, liderar lo administrativo y financiero del IMCT.
No fue una decisión impulsiva, fue una conversación en familia. Fue medir el peso del tiempo que ya no sería el mismo, de las ausencias necesarias, de los sacrificios invisibles. Y fue, sobre todo, un acto de valentía compartida.
Decidieron en familia y se arriesgaron.
Hoy, meses después, Jenny Patricia no lidera desde la distancia, lidera desde la cercanía, desde la puerta abierta, desde los 30 segundos que bastan para escuchar y decidir. Desde el reconocimiento de que ningún cargo cambia la esencia de las personas.
En su equipo encontró más que funcionarios, encontró talento, compromiso y, sobre todo, humanidad. Personas que sostienen procesos, que enseñan, que aprenden, que se equivocan y lo vuelven a intentar, personas que, como ella, entienden que el servicio público no es solo gestión, es propósito, es una decisión de vida.
Su estilo es claro: aquí no hay jerarquías que dividan lo esencial. Aquí todos cuentan.
Y esa es la huella que quiere dejar.
La de una mujer que, en medio de las ocupaciones diarias, eligió ser cercana, que entendió que dirigir también es cuidar, que demostró que el respeto y la igualdad no son discursos, sino decisiones.
Porque al final, cuando se apagan las luces y el reloj vuelve a marcar otra madrugada, todo vuelve al mismo punto de inicio, una madre y esposa que se levanta a las 4:10 a.m. y una líder que nunca dejó de ser una gran persona, esa es Jenny Patricia Carreño García.
Oficina de Prensa y Comunicaciones IMCT