En Bucaramanga, el turismo no solo se gestiona, se siente. Y en medio de agendas apretadas, decisiones estratégicas y una ciudad que busca contarse mejor, hay una mujer que encontró en el liderazgo no un cargo, sino una causa.

A primera hora de la mañana, María Carolina González Páez ya está sentada en su balcón. No revisa el celular. No responde correos. Sostiene una taza de aromática caliente entre las manos y, por unos minutos, se dedica a pensar, a ordenar el día, a escucharse.
Ese pequeño ritual, casi invisible, es el punto de partida de todo lo demás.
Porque horas después, esa misma mujer que reflexiona en silencio es quien toma decisiones, lidera equipos y enfrenta la presión de una subdirección que no da tregua. Pero antes de ser subdirectora, es madre y esposa: “Mi hija fue muy soñada y llegó a nuestro hogar a hacernos más felices a mí y a mi esposo”, dice, y no es una frase de paso, es una declaración de vida.
No estaba buscando ser subdirectora. Pero estaba lista para serlo.
La llamada llegó en diciembre. Antes de eso, incluso, le habían propuesto irse a otra dependencia. Todo parecía indicar que su camino tomaría otro rumbo. Pero no.
La decisión ya estaba tomada.
Iba a asumir la Subdirección de Turismo del Instituto Municipal de Cultura y Turismo.
“Fue un momento especial”, recuerda. No lo dice con euforia, sino con una serenidad que delata convicción. Porque más que un ascenso, fue una confirmación, el trabajo silencioso también abre puertas. Por eso, cuando asumió el cargo, no lo hizo desde el miedo. Lo hizo desde el reto.
Su rutina cambió. Ya no hay tanto tiempo para bailar en las mañanas, aunque lo intenta. Ya no puede almorzar siempre en casa. Las reuniones se acumulan, las decisiones no esperan.
Pero hay algo que no negocia, el tiempo con su hija.
La recoge, la acompaña, la incluye. A veces incluso la lleva a eventos. No como una excepción, sino como una forma de vida.
“Es calidad de tiempo”, dice.
Y en esa frase hay una postura clara frente a una discusión que muchas mujeres aún piensan, no se trata de elegir entre la familia o el trabajo. Se trata de resignificar ambas.
Para ella, este no es un sacrificio. Es su momento.
Después de haber dedicado dos años enteros a su hogar, hoy se permite volver a sí misma, sin culpa y sin disculpas.
Habla de turismo con pasión, pero también con sentido.
Sabe que no se trata solo de atraer visitantes. Se trata de que los propios ciudadanos se reconozcan en su ciudad, de que sientan orgullo, que puedan decir, sin dudarlo, que Bucaramanga también es destino.
Trabajar con mujeres, dice, le ha permitido entender realidades que muchas veces pasan desapercibidas como la maternidad, las brechas, pero también la fuerza.
“Que todas brillemos”, resume. Y lo dice en plural, porque ahí está la clave de su liderazgo.
Es la historia de una mujer que entendió que el éxito no siempre es lineal. Que a veces implica detenerse, reorganizarse y volver a empezar y que, cuando llegue el momento, hay que estar lista.
Porque al final, más allá de los cargos y los logros, hay algo que permanece, la capacidad de dejar huella y en eso, María Carolina González Páez no está improvisando, está construyendo.
Oficina de Prensa y Comunicaciones IMCT